El gran artífice de los molinos de Xuvia fue un emprendedor francés llamado Juan de Lestache Nugos. Nacido en el año 1742 en la localidad de Vienne, en el suroeste de Francia, estuvo desde niño vinculado al trabajo y comercio de harinas de la mano de su padre. A los 25 años llega por primera vez a Ferrol en un barco que transportaba un cargamento de este producto procedente de Burdeos.
Rápidamente fue consciente de las grandes oportunidades de negocio que ofrecía la ciudad departamental y decidió establecerse en ella dedicándose al comercio de cereales y otros alimentos. En Ferrol encontró también el amor y se casó con María López Lamas, vecina de Neda, con quien tuvo una extensa descendencia de cuatro hijos y tres hijas.
Con las ganancias de su actividad comercial, Lestache dio un paso más y, tras comprar varias parcelas a las orillas del río Grande de Xuvia, en la jurisdicción de Narón, y asociarse con otro francés, Francisco Bucau, construyó dos molinos de harina que ya estaban en funcionamiento en el año 1775. La sociedad Lestache-Bucau estuvo vigente hasta el año 1786, momento en el que el empresario de Vienne compra la parte de Bucau por 300.000 reales, quedando como único propietario.

Cuando se habla de los molinos de Xuvia siempre se hace referencia a Juan Lestache Nugos, pero existe otra persona de gran transcendencia que suele quedar silenciada, hablamos de su mujer, María López Lamas, una autentica adelantada a su tiempo.
En realidad sabemos muy poco de sus primeros momentos vitales, solo que era natural de la parroquia de Neda, que se casa con el empresario francés en 1776, y que ambos tuvieron cuatro hijos y tres hijas. A esta extensa familia hay que sumar un hijo de Lestache fruto de una relación anterior con la francesa María Vizosa. Juan Lestache Vizosa llegó a Ferrol con su padre y formó parte del nucleo familiar y empresarial, trabajando como molinero en la fábrica de harinas de Xuvia.
Los datos sobre María López se incrementan una vez fallece Lestache en 1802, quedando ella y sus hijos como herederos del complejo industrial.
Cinco años después, en 1807, María López vuelve a casarse, en esta ocasión con Antonio García, un hombre de confianza de la familia y que se ocupaba de la gestión de los negocios familiares, puesto al que había llegado de la mano de Ignacio Acha, casado con Manuela Lestache y por tanto yerno del empresario.
El escándalo estaba servido, Antonio García no solo era mucho más joven que ella, apenas tenía 30 años, sino que además pertenecía a otra clase social, pues era hijo de un humilde carpintero de la periferia de A Coruña que se había sacrificado para darle estudios y futuro.
María López, una de las mujeres más ricas y respetables del país, rompía todas las convenciones de la época y se casaba, con la oposición abierta de sus hijos e hijas, que consideraban el matrimonio una afrenta. La unión suponía además una humillación para sus hijas, casadas con tenientes coroneles del ejército. Estamos ante un comportamiento rompedor para su tiempo, que dio a Galicia mujeres de carácter, seguras de si mismas como Emilia Pardo Bazán.
La aceptación de Antonio García dentro de la familia nunca se llegó a consolidar, así, tras la muerte de María en 1814, llegó a ser expulsado de la casa mortuoria y poco después denunciado bajo la acusación de una gestión negligente del negocio familiar.
Cuando Juan de Lestache llega a Ferrol en 1767, se encuentra con una villa en plena efervescencia. El siglo XVIII supuso el gran despegue del núcleo urbano ferrolano, primero con la concesión de capitalidad del Departamento Naval del Norte de España en 1726, y posteriormente con la instalación del Real Arsenal Militar inicialmente en la villa de A Graña y ya desde 1750, en una ubicación actual, buscando mejores condiciones de emplazamiento y mayor capacidad constructiva.

Las industrias reales motivaron un importante crecimiento de población compuesta en gran parte por militares e ingenieros, pero también por multitud de trabajadores y artesanos. Para alojar a todo este capital humano se edificaron nuevos barrios residenciales como el de la Magdalena, de trazado ortogonal siguiendo los preceptos ilustrados, o el de Esteiro, considerado el primer barrio obrero de Galicia.
Atraídos por las expectativas de una villa en expansión acudieron también numerosos comerciantes y mercaderes de diferentes lugares del estado, así como de otras procedencias: franceses, italianos, británicos u holandeses. Algunos, como Lestache, decidieron establecerse en Ferrol o en los pueblos limítrofes.
En 1775 en Ferrol vivían más de 30.000 personas, siendo la ciudad más habitada de Galicia. En la necesidad de alimentar a toda esta población, Lestache, supo ver una oportunidad y para ello construyó, a orillas del río Xuvia, unos molinos que permitieron abastecer de harina, y, por tanto, de pan, no solo a Ferrol, sino también a otras villas importantes de la zona como Pontedeume o Betanzos. La capacidad productiva de estas fábricas era tal, que en muchas ocasiones el excedente de producción permitía la exportación del producto al extranjero, principalmente a América, utilizando toneles estancos de madera de roble.

La villa de Ferrol y la comarca de Terra de Trasancos eran, a finales del siglo XVIII, un auténtico hervidero de gentes procedentes del Reino y del extranjero en busca de fortuna. Muchos de ellos llegaban con el afán de conseguir trabajo en los arsenales reales y en las industrias auxiliares que se fueron generando, otros, como Juan Lestache, llegaron atraídos por las oportunidades comerciales.

Del colectivo de inmigrantes extranjeros, los franceses, favorecidos por el llamado Pacto de Familia firmado por Carlos III y Francia de Luís XV en 1761, constituyeron el grupo más numeroso. Así, en 1797, había un total de 85 ciudadanos galos asentados en la villa de Ferrol, por solo 40 italianos o 16 portugueses. Fueron una comunidad tremendamente activa y supieron apoyarse unos a otros, estableciendo frecuentes alianzas y sociedades.
De entre los “franceses” más destacados cabe señalar a: Juan de Lestache y Francisco Bucau, propietarios de la fábrica de harina de Xuvia; Santiago Beujardin y Juan Lembeye, constructores del molino de las Aceñas de Xuvia en Ponto (Narón) o a Mathias Dufoire. Entre todos crearon una tupida red comercial a nivel internacional y una moderna infraestructura de molinos harineros tanto en las orillas del río Xuvia, como en el área de la Villa de Ferrol y Tierra de Trasancos.
Uno de los edificios, cuya construcción se atribuye a los franceses, es el singular molino de viento de San Mateo, en la parroquia de San Mateo de Trasancos.
La recuperación de los Molinos Industriales de Xuvia se ha podido realizar gracias al monumental trabajo del arqueólogo, historiador y archivero del concello de Narón Andrés Pena Graña, quién durante años se encargó de revisar y estudiar toda la documentación existente sobre Juan Lestache y su familia, las fábricas de harinas y todos los negocios relacionados. La recopilación de toda esta información, que se encontraba dispersa por diferentes archivos, ha permitido poder reconstruir, de manera minuciosa, la apasionante historia del las industrias harineras del río Xuvia y de la historia de Narón.

El volumen de documentación estudiado por Pena Graña es verdaderamente impresionante, pues incluye, no solo, toda la correspondencia de Lestache, sino también procesos judiciales e incluso inventarios testamentarios. Todos estos documentos nos han permitido conocer datos técnicos de enorme precisión sobre el funcionamiento de los molinos, la maquinaria empleada, la producción por hora y anual; el valor de las propiedades y negocios de Lestache o el volumen de los intercambios comerciales realizados a lo largo de medio mundo.
Pero además, sus investigaciones también han permitido un acercamiento a la historia personal del empresario francés, de sus descendientes y en especial a la figura de su esposa, María López, quien agitó las conciencias y rompió las convenciones de la época al casarse en segundas nupcias, una vez fallecido Juan de Lestache, con un hombre de origen humilde y mucho más joven que ella.
Las investigaciones llevadas a cabo por Pena Graña se han plasmado en diferentes publicaciones, de las cuales la más importante es “Industriais e reais fábricas de Narón en tempos da Ilustración” editada por el Concello de Narón en 2007 y que ha sido fundamental para llevar a cabo la rehabilitación completa de los molinos y el actual proyecto expositivo del CIMIX.