Lestache no sólo edificó dos molinos en el río Xuvia sino que tomó como modelo los molinos que había visto de niño y joven en Francia, en concreto, el de su padre en Vienne.
En el país galo durante el siglo XVIII, se desarrollaron numerosos avances en el empleo de la energía hidráulica cómo fuerza motriz aplicada a la molienda y a la fabricación de harinas. De hecho, en esta época se publicaron numerosos estudios y tratados inspirados en las ideas de la ilustración que buscaban moliendas más eficientes, rápidas y harinas de mejor calidad.
Estas innovaciones, aplicadas fundamentalmente a la maquinaria de los molinos, desarrollaron un sistema de molienda del cereal denominado molture économique (molienda económica) que mejoraba sustancialmente los rendimientos respeto a los anteriores métodos tradicionales.
Precisamente este fue el sistema aplicado por Juan Lestache en los molinos de Xuvia, trayendo incluso buena parte de la maquinaria como las muelas de pedernal, limpiadoras y los cribos, de la misma Francia.
Los molinos de Juan Lestache y Francisco Bucau llegaron a ser en su tiempo, finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, los más productivos del país, consiguiendo un rendimiento muy superior al de los molinos tradicionales de río.

Las fábricas industriales de harinas de Xuvia conseguían moler unas 70.000 fanegas castellanas de trigo al año, que suponían la increíble cantidad de 3.885.000 litros de cereal. Esta enorme capacidad les permitió abastecer de harina a una ciudad de 30.000 habitantes cómo era Ferrol, pero también a las poblaciones del entorno, a Betanzos y Pontedeume, y contribuyeron a atenuar las fuertes crisis alimentarias que se sucedieron con motivo de los bloqueos derivados de los conflictos bélicos con Inglaterra en el 1789 o de la gran sequía de 1802.
Pero los molinos de Xuvia, no destacaban sólo por el volumen de grano molido sino también por la calidad de su harina que podía ser de dos clases: la llamada harina de primera flor o primera suerte y otra de segunda suerte. La harina de flor era la más fina y se obtenía con una segunda molienda.

Volumen y calidad se obtenían gracias al empleo de una maquinaria tremendamente sofisticada que Juan Lestache trajo directamente de Francia y que marcaba la diferencia. Los primeros elementos eran unas muelas de pedernal de casi dos metros de diámetro procedentes de La Ferté-sous- Jouarre, en la Île-de-France, donde se encontraban las mejores canteras de esta roca y talleres que elaboraban piedras de molino. Estas muelas eran muy apreciadas por su gran dureza, de manera que permitían obtener harinas muy finas, con un funcionamiento continuado y con poco desgaste.
Otros aparejos eran cinco limpiadoras que retiraban del grano de trigo las impurezas como restos de centeno, avena, polvo, paja y piedras y que pasaban el cereal directamente a las tolvas, denominadas “moegas”. Por último, había cinco cribos, también de fabricación francesa, por donde pasaba la harina después de la molienda para separarla del salvado. De esta manera, se conseguía hasta un 80% de aprovechamiento del grano, quedando el 20% para salvado.
Los Molinos Industriales de Xuvia se componen de tres construcciones diferentes, pero unidos y comunicados entre sí a través de un patio central. Los tres edificios son de mampostería de granito, cubiertos por un recebo de cal, que se había perdido pero fue recuperado en la reciente restauración. Las piedras de mampostería se reservaron para las esquinas y contornos de ventanas y puertas, quedando sin tapar.
Son dos edificios situados sobre el mismo río Xuvia para aprovechar la fuerza motriz de sus aguas. El que está más cerca de la orilla, de mayor tamaño, era de Lestache y el otro, de techo más bajo, de su socio Francisco Bucau. Cuando la empresa se disolvió en 1786, después de un largo pleito, Lestache adquirió el molino de Bucau, unificando ambos ingenios. Cada uno de los molinos tenía dos muelas de pedernal para moler el trigo.
Ubicado en la zona de la actual recepción. Este edificio fue preparado para almacenar gran cantidad de trigo para molienda y harina para abastecer a toda la comarca. La gran capacidad de estos almacenes permitió a Lestache ayudar a paliar varias crisis alimentarias que se produjeron en la villa de Ferrol y Terra de Trasancos a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Los almacenes disponían de un muelle propio que permitía traer el grano en barco desde el puerto de Ferrol y luego llevar de vuelta la harina ya procesada.
Es el edificio localizado más al norte, donde Lestache y su familia ubicaron su residencia. Desde allí podía gestionar no sólo la producción de sus molinos, sino también una fábrica de papel y una fábrica de cuero, de las que también era propietario. Una de las estancias de mayor interés de la casa era su despacho, en el que había un gran armario que servía de archivo, con estanterías donde guardaba gran cantidad de documentación y sobre todo cartas organizadas en mazos que hoy permiten apreciar la gran diversificación de los mercados de aprovisionamiento del empresario (Castilla, Prusia, Rusia, Inglaterra, América…).
Los Molinos Industriales de Xuvia tenían un funcionamiento muy semejante a los tradicionales de río pero incluían algunas innovaciones que los hacían mucho más productivos como las piedras de pedernal fino francés y la maquinaria para limpiar y cribar el trigo.

La base de su producción era la captación de agua del río Xuvia para mover toda la maquinaria. Con este fin se construyó una gran represa apenas unos metros río arriba de los molinos. El embalse contaba también con una compuerta, que funcionaba como aliviadero para los momentos en que el río alcanzaba un caudal excesivo.
El agua era conducida a través de un canal hacia la parte baja de los molinos donde se situaban los infiernos y allí hacía mover los rodeznos de las cuatro piedras de moler. Los rodeznos en Xuvia eran horizontales, semejantes a los de los molinos tradicionales, aunque en Francia y en la villa natal de Juan Lestache, Vienne, era muy frecuentes que se usaran ruedas verticales.
Los rodeznos hacían girar también las muelas hechas de pedernal fino traído de Francia, situadas más arriba, en la sala de molienda. La piedra superior, la que está en movimiento, se llama “capa” y la inferior, siempre fija, es la “mesa”. Las piedras de moler estaban rodeadas de un armazón de madera, denominado popularmente “tremiñado”, que permitían recoger la harina y echarla toda por un mismo conducto para ser más fácilmente recogida.
Otros elementos importantes de la maquinaria eran la tolva o “moega”, una caja de madera con forma de pirámide invertida por donde caía el trigo que pasaba luego a la capa del molino a través del ojal; unas ruedas metálicas, que permitían levantar o bajar la capa del molino con el objeto de regular la finura de la molienda y también el mecanismo que abría desde dentro la compuerta dejando pasar el agua a los infiernos y que funcionaba casi como un interruptor para accionar los molinos.
Juan Lestache situó su fábrica de harinas en un lugar estratégico, tanto para la producción como para el transporte. Por una parte, la ubicación en el último tramo del río Xuvia le permitió maximizar la fuerza del agua para mover de manera eficiente las muelas de pedernal francés. Por otra parte, los molinos estaban justo a un lado del camino de Castilla y en un tramo fluvial navegable y accesible desde una pequeña embarcación. De esta manera, tenía capacidad para aprovisionarse de cereal y enviar luego la harina tanto por tierra, a los hornos de pan de las localidad próximas, como por mar hasta el puerto y villa de Ferrol.

Los molinos contaban además con un pequeño muelle al que se llegaba con una lancha manejada por cinco personas. En ella se podía traer el trigo castellano que arribaba al puerto de Ferrol desde Santander, pero también desde otros orígenes más lejanos como Burdeos, Londres, Hamburgo, San Petersburgo y hasta Filadelfia, en los Estados Unidos.
En este transporte a gran distancia utilizaba una fragata y un bergantín de su propiedad y también otras embarcaciones fletadas específicamente para la ocasión, a veces asociándose con otros comerciantes, como Santiago Beujardín, también francés y propietario de los molinos harineros de las Aceas de Xuvia, en el Ponto (Narón). Pero su intensa actividad comercial no sólo tenía como objeto el cereal y las harinas, sino que además importaba numerosos artículos extranjeros como cueros de la Argentina, palo de campeche de México, vinos franceses, bacalao de Noruega y Terranova y lino y cáñamo de Rusia.